jueves, 24 de febrero de 2011

Esta nuestra comunidad


Las comunidades de vecinos son como mínimo pintorescas.
La gente que va a esas reuniones es rara, no es de la que te encuentras por la calle, o sí, pero en esos momentos de máxima exaltación se transforman, como los Bakugan, y se convierten en monstruos de dos cabezas dispuestos a comerle la idem al de al lado, si no le da la razón en todo.
Pero las comunidades de vecinos son importantísimas en la vida de cada uno de nosotros, porque hasta que nos toque la lotería y podamos comprarnos un chalé en a tomar por culo, sin gente alrededor, ni urbanización, ni complejo turístico, ni porras, tenemos que aprender a convivir o se nos va a hacer muy cuesta arriba.
Hace unos días asistí a la primera reunión de mi  nueva comunidad de vecinos. Normalmente va mi marido, que es muy de discutir por tonterías (a los hombres les va eso mucho) pero estaba en el lecho de muerte (una gripe para un hombre ya se sabe, es mortal de necesidad) y tuve que ir yo.
La primera convocatoria era a las siete y la segunda a las siete y media, así que yo, a y cuarto me dispuse a bajar y mi marido me dijo:
-No va a haber nadie, todos llegan a la segunda convocatoria.
-Entonces, para qué ponen dos? Digo, yo, pero bajé por si acaso. Efectivamente no había nadie, y como una imbécil volví a subir a esperar un cuarto de hora.
Finalmente bajé a y veintinueve y estaban todos. (Porras, la nueva ya ha llegado la última)
En el minúsculo, incomodísimo y frío portal había una chica con cara de lumia, otra con cara de aburrimiento, otra con cara de cabreo, un hombre muy serio (mucho), otro pasota, otro con cara de se van a enterar este atajo de ignorantes y otro que era sordo y que no sé qué hacía allí porque no se enteraba de nada.
Nada más comenzar la reunión, pareció que había sonado el gong en Pressing Catch, y cada uno se dispuso a encajar los golpes y devolver los puñetazos.
Yo pretendía estar callada, ya que era la nueva pero no pude, claro.
-Eh¡ tú, la nueva, que sepáis que la próxima vez que vayáis a hacer algo en la casa nos tenéis que pedir permiso u os denuncio¡¡¡
-EHHHHHHH????? Pero si hemos cambiado sólo la ventana del tendedero y están todas las demás cambiadas igual que la nuestra¡
-La mía no.
-Vale, todas menos la tuya
-Pues eso, que os denuncio
Silencio (un avemaría por la paz)
-Yo también renuncio.- dijo el sordo.
-Pues yo quiero que me paguéis un balcón nuevo
-Sí, no te jode, te lo arreglaremos en todo caso
-haberlo mantenido
-Yo tengo goteras del tejado
-haberlo mantenido
-A que os denuncio?
-Bueno y mi balcón, qué?
- Que tienes un halcón?
....
El presidente de esta nuestra comunidad dijo:
-Me dejáis hablar, que quiero comentaros lo de las cuentas.
Silencio sepulcral. A mí me empezaron a temblar las canillas. Derrama al canto, fijo. Llevo un mes viviendo aquí, me lo temía.
-Vamos a poner una derrama de 30€ al mes durante dos años, para las goteras, el balcón y los timbres.
-Estás loco? Mejor lo pagamos de golpe¡¡¡ (dijo uno sin hipoteca, claro)
-Y una picha¡¡¡ A que os denuncio?
-Yo tengo hormigas
-haberlas mantenido (a raya, se supone)
Yo ya no podía con la vida, no tenía ni hormigas, ni goteras, ni balcón, pero sí unas ganas de irme a cenar a mi casita y comprobar que mi pobre marido moribundo había al fin fallecido ( porque era la única excusa que le iba a permitir, para haberme metido en ese embolado)
La lumia dijo:
-Estoy hasta el gorro de esta comunidad, todo el mundo hace aquí lo que le da la gana¡¡
La de cara de cabreo contestó:
-Tú la primera, caradura, que tiendes las bragas en la calle para que las vea todo el barrio¡¡
-A que te denuncio?
El sordo respondió:
-¿Quién vende las mallas en Lasalle? No entiendo nada¡¡
El pasota dijo:
-¡Que os den por saco a todos¡, hay algo más?
-A que os denuncio?
Y el que tenía cara de os vais a enterar, que no había abierto la boca, alzó la voz:
-Bueno, nos tomamos unas cañas o qué?
-Sí, sí, vamos
-Vale, cojonudo
-Eso, eso.
Yo flipaba; la de las denuncias, con la del balcón, el de las hormigas, el de la derrama y hasta el sordo (que no sé si sabía adónde iba), todos juntos en comandita a tomar unas cañas.
El Presi me miró y me dijo:
-Al final, se ha aprobado algo o no?
-Tú pon a todo que sí y ya está.
Me disculpé por no ir al bar y me dispuse a subir a casa a hacerles la cena a mis hijos y al difunto. Oí una voz en bajito que decía:
-Y así querrá que nos llevemos bien....

Nunca más, y cuando digo nunca es nunca, volveré a una reunión de esas, ni aunque mi marido esté muriendo de verdad, ni aunque se vaya a discutir sobre el derribo del edificio, ni aunque nos haya tocado la lotería y se vaya a repartir. Bueno en ese caso sí, a ver si puedo comprarme el chalé en a tomar por saco.
Qué estrés, fue agotador, y mi respectivo me preguntó al llegar:
-De qué habéis hablado?
-Ni idea, de nada en absoluto, pero creo que nos van a denunciar, nos van a fumigar y vamos a estar pagando toda la vida algo, pero no sé qué es.
-Ah¡ vale, lo normal- respondió. Y se quedó tan ancho.

¿Veis como tenía que haber ido él?
UUUUUFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFF¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

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